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¿Por qué no tiene sentido intentar perdonar cada suceso que ha parecido ocurrirnos en el pasado? 



Los anteriores puntos de reflexión han estado enfocados en la inutilidad de la creencia de que es necesario ir al pasado para revivirlo y poder perdonar ahí algo que nos está causando malestar en el presente. Si bien en algunos puntos se han recalcado o repetido las enseñanzas del Maestro al respecto, esto ha sido necesario pues es sabido que la repetición es un recurso fundamental en el proceso de aprender. De hecho, es el recurso más utilizado por el Maestro Jesús. Incluso llega a pedirnos que repitamos cada minuto las ideas centrales de cada lección.


El Curso está escrito como un holograma: cada idea encierra el Curso en su totalidad. Por eso nos dice que una sola Lección bastaría para salvarnos si la practicamos de corazón. Esto implica que cada una de las lecciones encierra en sí todo el poder y la sabiduría del Curso completo.


“Soy tal como Dios me creó. Repetiremos la idea de hoy de vez en cuando. Pues solo con este pensamiento bastaría para salvarte a ti y al mundo, si creyeras que es verdad” (L- 110).


Esta idea: “Soy tal como Dios me creó”, es repetida más de 600 veces a lo largo del Curso, al igual que el primer principio de los milagros: “No hay grados de dificultad en los milagros”. 


Pues bien, luego de esta pequeña aclaración, vamos ahora a concluir con este punto de reflexión sobre lo absurdo e inútil que es ir a hurgar en el pasado para revivir, mediante un proceso doloroso, lo que supuestamente ha ocurrido, y luego intentar sanarlo. Repetiremos, entonces, algunos conceptos que hemos visto en los puntos anteriores.

  

Lo primero que habría que considerar aquí es lo absurdo de intentar ir al pasado a perdonar alucinaciones porque, como hemos visto, ese es el enfoque de las psicoterapias: la fuente donde buscan su “materia prima” es siempre el pasado. Es allí donde se dirigen todas las psicoterapias, ya se trate de ir a buscar en un pasado cercano, lejano o incluso a buscar en otras vidas. Pasan por alto el hecho de que están haciendo real algo que nunca ocurrió, que se trata solo de ilusiones y, lo más grave de todo, que al hacer esto, se están enfocando en la culpa y el miedo y los están haciendo reales. 


“Una vez que se ha decidido que la culpa es real, el descenso al infierno sigue paso a paso su inevitable trayectoria. La enfermedad, la muerte y la miseria fustigan ahora la tierra en implacables oleadas, a veces simultáneamente, y otras en siniestra sucesión. Todas estas cosas, no obstante, por muy reales que puedan parecer, son solo ilusiones. ¿Quién podría tener fe en ellas una vez que ha entendido esto?” (P-2.IV.3:1-4).


Vamos a ilustrar esto con unos ejemplos para poder examinarlo con mayor detenimiento. Digamos que Carolina tiene supuestos problemas para relacionarse con los hombres porque interpreta sus acercamientos como mal intencionados y cree que puede llegar a ser agredida sexualmente, etc. Así que va y le comenta a su terapeuta. Entonces este le dice: “oye, eso podría ser un indicio de que has sido violada en el pasado”. Hasta ese momento a Carolina no se le había ocurrido pensar en una violación como la causa de sus aparentes problemas. Pero ahí comienza el “descenso al infierno”, porque la mente es tan poderosa que cuando una idea es plantada se convierte en una creencia y se vuelve real. 


“Creer en algo produce la aceptación de su existencia. Por eso puedes creer lo que nadie más piensa que es verdad. Para ti es verdad porque tú lo inventaste”(T-1.VI.4:4-6).


Mira qué poderoso es esto. Ahora Carolina cree en la posibilidad de haber sido violada y entonces el terapeuta le propone una “hipnosis regresiva” para confirmar este supuesto hecho, y vaya lío que se ha armado. Resulta que no solo fue violada por su padre, sino que en una vida anterior fue violada por todo un pelotón de pervertidos que andaban por ahí y ella desafortunadamente se les cruzó en su camino. Imagínate cómo va a vivir Carolina de ahora en adelante, el terror que le va a producir cualquier situación que se asemeje a lo que le sucedió en el pasado.

 

Ahora veamos el caso de alguien que tiene ansias por la comida. Es probable que no sea suficiente para el terapeuta sanar lo que pueda encontrar en vidas recientes, pues quién te dice que esta persona no haya vivido millones de años de evolución y, en ese caso, para poder sanar todo lo que arrastre de su pasado, tendría que remontarse hasta cuando era un dinosaurio y se dedicaba a darle mordiscos indiscriminadamente a todos los de su camada. Entonces eso derivó en que ahora tenga ansias de devorar todo aquello que se le cruza por delante. 

Y en este proceso de nunca acabar, ¿por qué no remontarnos a cuando era una ameba? Sí… ya sabemos que estamos exagerando un poco, pero es solo para que veas que ¡todo esto es una locura! ¡Es totalmente absurdo! No te bastaría esta vida y la otra para ir a perdonar todo lo que haya parecido ocurrir en las miles de ilusorias vidas pasadas. En vez de enfocarnos simplemente en que todo es una ficción y que ¡cualquiera de estas situaciones se puede perdonar de un plumazo! Sin necesidad de complicados y dolorosos procesos de psicoterapia.

 

Con solo aceptar que nada de eso ha podido ocurrir, podríamos evitarnos todos esos viajes al pasado y todo ese sufrimiento involucrado, porque cada vez que revivimos uno de estos sucesos, sufrimos como si lo estuviéramos experimentando por primera vez. Solo tienes que asistir a una de estas terapias para que veas que están llenas de sufrimiento, dolor y lágrimas. Y el terapeuta te va a decir que necesitas sentir y aceptar el dolor para poder sanarlo. Esto contradice totalmente lo que Dios quiere para nosotros, que es pura dicha y pura paz. Por eso el Maestro nos invita a que nos unamos a Él y a que dejemos de ser insensatos.

 

“Tengo que edificar Su iglesia sobre ti porque quienes me aceptan como modelo son literalmente mis discípulos. Los discípulos son seguidores, y si el modelo que siguen ha elegido evitarles dolor en relación con todo, serían ciertamente insensatos si no lo siguiesen” (T-6.I.8:6-7).


¡Dios no quiere que sufras! Nos ofrece un modelo que nos quiere evitar el dolor en relación con todo… y todo es ¡TODO! Esto se nos dice reiteradamente a través del Curso. ¿Por qué querría el Maestro que nos decidiéramos por practicar esas terapias que nos llevan periódicamente a revivir el sufrimiento? Él mismo dice que optar por el sufrimiento sería insensato porque todo sufrimiento es innecesario.  ¿Por qué, entonces, no aceptar simplemente el Plan del Espíritu Santo?


“¿Crees realmente que puedes encargarte de tu seguridad y de tu dicha mejor que Él? No tienes que ser ni cuidadoso ni descuidado; necesitas simplemente echar sobre Sus Hombros toda angustia, pues Él cuida de ti. Y cuida de ti porque te ama. Su Voz te recuerda continuamente que tienes motivos para sentirte esperanzado debido a que estás a Su cuidado. No puedes elegir excluirte de Su cuidado porque esa no es Su Voluntad, pero puedes elegir aceptar Su cuidado y usar el poder infinito de este en beneficio de todos los que Él creó mediante él” (T-5.VII.1).


El modelo que nos ofrece el Espíritu Santo es saludable. Solo tenemos que aceptar que tenemos la Voz que habla por Dios en nosotros, y que la única manera de recordar la Verdad es olvidar lo que nos habíamos contado. Solo tenemos que mirar atrás y veremos que todas nuestras historias personales ya se han resuelto, porque el Espíritu Santo nos asegura que lo que pensé que había ocurrido nunca ocurrió en realidad. Si yo acepto al Espíritu Santo en mí, estoy sano, estoy en Dios. Solo tengo que recordar Su inmenso Amor por mí y olvidarme de las películas que me cuenta el ego. 


“Bajo los tenebrosos cimientos del ego yace el recuerdo de Dios... Te das cuenta de que, al despejar la tenebrosa nube que lo oculta, el amor por tu Padre te impulsaría a contestar Su Llamada y a llegar al Cielo de un salto... Pues subyacente a los cimientos del ego, y mucho más fuerte de lo que este jamás pueda ser, se encuentra tu intenso y ardiente amor por Dios, y el Suyo por ti” (T-13.III.2:1, 6, 8).


Además, este es el reconocimiento de que perdono a mis hermanos por lo que NO me han hecho.  Se trata de historias ficticias. Son solo alucinaciones mentales que le he comprado al ego y que las estaba validando en un estado mental de locura, pues solo un loco valida lo que no está ahí, lo que no es real. Aquí no ha pasado nada. Cuando reconoces que eres invulnerable todas esas historias que te estás contando se caen por su propio peso, ¡son pura ficción!


No ha pasado nada, no estamos aquí, no hemos venido, no somos cuerpos. Ahí es donde me tengo que afianzar, repetirme eso una y otra vez. Permitirle al Espíritu Santo que nos dé los pensamientos que nos afiancen en que somos inocentes. En la mansedumbre de la creación el ataque no tiene sentido ni de mí hacia los demás ni de los demás hacia mí porque nunca hemos atacado a Dios.  Nunca nos hemos separado. No hemos salido de la Casa del Padre. No hemos roto la promesa que una vez le hicimos. 


Cada vez que nos negamos a aceptar las mentiras que nos cuenta el ego y permitimos que nuestra mente sea sanada y unificada, Dios nos recuerda nuestra promesa: Seguimos amándolo eternamente, así como Él nos ama, y seguimos siendo tan perfectos como Él. Solo tenemos que mantenernos “alerta solo en favor de Dios y de Su Reino”. Y confiar en que el Espíritu Santo siempre nos dará la corrección perfecta para todo.


¿Cómo logro esto? Repasemos lo que vimos en el punto 3. Apenas me percato de que no me estoy sintiendo bien, lo primero que tengo que entender es que he decidido equivocadamente porque no estoy en paz. Inmediatamente le pido al Espíritu Santo que me ayude a elegir en favor de Dios. Y si el perdón es verdadero, es decir, si lo dejo a cargo del Espíritu Santo, este se extiende a toda la Filiación porque Él se encarga de la transferencia del entrenamiento. Él me ayuda a ver que todos mis hermanos son iguales porque bajo Su perspectiva todos somos inocentes. Y cuando acepto eso el Espíritu Santo me da la corrección perfecta.

 

“No se te ha pedido que elabores el plan de la salvación porque, como ya te dije anteriormente, el remedio no pudo haber sido obra tuya. Dios Mismo te dio la Corrección perfecta para todo lo que has inventado que no esté de acuerdo con Su santa Voluntad” (T-5.VII.4:2-3).


Todo lo que no refleje fielmente la verdad es eliminado, así como lo que pareció ocurrir en mi vida que no fuera amoroso. Todas esas historias del pasado, en las que parecía sufrir por culpa de mis hermanos, desaparecen. Ese es el papel del Espíritu Santo en mi mente. Él juzga lo que está de acuerdo con la Verdad y lo mantiene y lo que no, lo elimina. Solo conserva lo hermoso y lo santo, lo que está de acuerdo con la Voluntad de Dios. Y ya sabemos que la Voluntad de Dios para nosotros es la perfecta felicidad. 


“Aquiétate hoy y escucha la verdad. Ve más allá de todas las cosas que no hablen de Aquel que tiene tu felicidad en Sus Manos y que te la ofrece con calidez y amor. Escúchalo únicamente a Él hoy y no te demores más en llegar a Él. Escucha hoy una sola Voz” (L-106.3:4-7).


Eso es lo único que necesitamos hacer: escuchar solo la Voz de Dios a través del Espíritu Santo para pedirle que nos ayude a cambiar de mentalidad cada vez que sintamos la más mínima molestia. Y si todavía te queda alguna duda de que es posible cambiar de mentalidad así de fácil y dejar de sufrir por el pasado, déjame recordarte esta frase del Capítulo 1, que vimos al comienzo de este punto: “Creer en algo produce la aceptación de su existencia”. Si es necesario, cierra tus ojos y medita un momento en todo el poder que hay en ella…


¡Pues así de poderosa es la mente! Vamos a experimentar tal como pensemos. Incluso los científicos han llegado a esta conclusión luego de muchos experimentos: “El observador determina el estado de una partícula”. Es fundamental que nos hagamos conscientes de este PODER. Ese es el poder del Hijo de Dios. Y por si aún no estás convencido, más adelante el Maestro nos dice lo siguiente: 


“La mente es muy poderosa y jamás pierde su fuerza creadora. Nunca duerme. Está creando continuamente. Es difícil reconocer la oleada de poder que resulta de la combinación de pensamiento y creencia, la cual puede literalmente mover montañas” (T-2.VI.9:5-8).


La “prueba” de que la mente crea aun cuando duerme es este mundo ilusorio. Lo hemos creado cuando creímos habernos quedado dormidos. Así que lo de “mover montañas” se nos queda pequeñito, ¿verdad? ¡Tienes el poder de crear mundos! ¿Comprendes ahora por qué no tiene ningún sentido ir a buscar causas en un pasado cuando creo que me está pasando algo o que me están tratando injustamente? Yo mismo lo he creado a partir de las mentiras que me ha contado el ego. Me las he creído y ya está. La buena noticia es que así mismo lo puedo deshacer en un instante porque TENGO EL PODER. 


Así que nos quedamos con esta frase: “Creer en algo produce la aceptación de su existencia”. ¡Si es hasta digna de enmarcar! Y ponerla no solo en la pantalla del computador o del celular, sino imprimirla y ponerla en el despacho, en el refrigerador, en la cabecera de la cama, en el espejo del baño, en el techo de tu habitación para que apenas te despiertes sea lo primero que veas y te recuerde que nadie puede hacerte daño, ni causarte ningún dolor porque no hay más nadie y porque ¡¡tú tienes el poder de crear mundos!!



 
 
 

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